En medio de un escenario de alta incertidumbre política en Venezuela, la Delcy Rodríguez, designada como presidenta interina por el Tribunal Supremo de Justicia de Venezuela, manifestó su disposición a colaborar con la administración del presidente de Estados Unidos, Donald Trump», abriendo un eventual cambio en la relación entre ambos países.
Rodríguez asumió el cargo tras la salida del poder de Nicolás Maduro, con respaldo del Ejército venezolano, luego de una resolución del máximo tribunal del país. Su nombramiento generó sorpresa tanto dentro como fuera de Venezuela, dado su estrecho vínculo político con el exmandatario, a quien acompañó como vicepresidenta desde 2018, período en el que tuvo un rol clave en la conducción económica y en asuntos de seguridad e inteligencia.
Pese a expresar apertura al diálogo con Washington, en su primer discurso televisado, Rodríguez afirmó que Maduro sigue siendo el líder legítimo de Venezuela, declaración que dejó en suspenso la dirección que tomará su gobierno interino y si se alineará o no con los intereses de la Casa Blanca.
Desde Estados Unidos, Trump valoró públicamente la disposición de Rodríguez a cooperar, aunque advirtió que, de no alinearse con su administración, “pagará un precio muy alto, probablemente mayor que Maduro”. En respuesta, la presidenta interina señaló su intención de avanzar hacia “relaciones respetuosas” y solicitó colaboración en una agenda orientada al desarrollo compartido.
Delcy Rodríguez cuenta con formación académica en Reino Unido y Francia, y junto a su hermano Jorge Rodríguez ha sido una de las figuras más influyentes del oficialismo venezolano. Si bien ambos han enfrentado sanciones internacionales —especialmente durante el primer mandato de Trump—, hasta ahora no pesan sobre ella acusaciones criminales en Estados Unidos.
A lo largo de su trayectoria, Rodríguez ha ocupado diversos cargos ministeriales y ha cultivado vínculos con sectores republicanos, particularmente ligados a la industria petrolera y a Wall Street. Además, mantiene una relación estrecha con las Fuerzas Armadas, actor históricamente decisivo en los equilibrios de poder dentro de Venezuela.
El desarrollo de los próximos días será clave para determinar si esta señal de apertura representa un giro real en la política exterior venezolana o una estrategia transitoria en un contexto de fuerte presión internacional.
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